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Las funciones principales
de un sistema de protección óptimo son:
- Prevenir la aparición
del fallo.
- Detectar el defecto.
- Aislar la parte de instalación afectada rápidamente,
manteniendo el resto en servicio.
- Informar, señalizar; de la ubicación, naturaleza y magnitud
del defecto.
Un sistema de protecciones
que no cumple estas funciones puede provocar daños derivados
del fallo eléctrico, paradas graves del proceso productivo, responsabilidad
por daños a terceros, etc.
Para conseguir
una actuación selectiva que aísle únicamente la
parte de instalación averiada conservando el resto en servicio,
es obligatorio un estudio de selectividad.
A partir del estudio
de cortocircuito, de los límites de los equipos implicados y
de las características de los dispositivos de protección,
se determinan los valores de ajuste de estas protecciones para: primero,
dar protección suficiente y después, coordinar los relés
de protección.

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